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La ciencia sugiere que las canciones pueden facilitar el aprendizaje de hábitos saludables. Descubre cómo la música, el juego y pequeñas decisiones cotidianas pueden transformar la relación de los niños con la comida.
Hay una escena que se repite en miles de hogares: un niño observa con desconfianza las verduras de su plato, un adulto intenta convencerlo de probarlas y, en cuestión de minutos, lo que debía ser un momento agradable termina convertido en una negociación interminable.
Pero ¿qué pasaría si, en lugar de insistir, comenzáramos a cantar?
La idea puede parecer demasiado sencilla, pero detrás de ella existe una pregunta interesante: ¿puede la música ayudar a los niños a desarrollar hábitos de alimentación saludable?
Diversas investigaciones sugieren que las canciones pueden ser herramientas útiles para transmitir conocimientos y reforzar comportamientos. Y aunque ninguna melodía garantiza que un niño termine comiéndose el brócoli, la música podría ayudarnos a cambiar la manera en que hablamos de alimentación desde la infancia.
Lo que dice la ciencia sobre la música y el aprendizaje infantil
La música tiene una característica extraordinaria: convierte la información en algo que podemos recordar casi sin esfuerzo consciente.
Todos hemos experimentado esa sensación de escuchar una canción después de muchos años y descubrir que todavía conocemos la letra completa.
En los niños, las melodías, las repeticiones y los ritmos pueden convertirse en recursos para aprender conceptos nuevos y recordarlos.
Una revisión sistemática publicada en 2021 sobre el uso de canciones en programas de educación y promoción de la salud encontró resultados prometedores en la adquisición de conocimientos y cambios de comportamiento. Sin embargo, los investigadores señalaron que la evidencia todavía es limitada y que se necesitan estudios más sólidos.
Otra investigación, realizada con 133 adolescentes en Nigeria, encontró que incorporar canciones a la educación nutricional produjo mejores resultados en conocimientos, actitudes y prácticas alimentarias que utilizar únicamente la enseñanza convencional.
Esto no significa que escuchar canciones provoque automáticamente una mejor alimentación. Lo interesante es que la música puede convertirse en una herramienta complementaria para hacer que ciertos mensajes sean más accesibles, memorables y atractivos.
Y cuando hablamos de niños, conseguir que el aprendizaje resulte agradable ya representa una oportunidad.
¿Por qué algunos niños rechazan las verduras?
Antes de intentar cambiar lo que comen, vale la pena comprender por qué determinados alimentos generan tanta resistencia.
Durante la infancia es común que aparezca cierta desconfianza frente a sabores, olores y texturas desconocidas. Este comportamiento, relacionado con la selectividad alimentaria, forma parte del desarrollo de muchos niños.
De acuerdo con la Academia Estadounidense de Pediatría, la exposición repetida a los alimentos, sin presiones ni castigos, puede ayudar a que los pequeños se familiaricen gradualmente con ellos.
Esto significa que rechazar una zanahoria hoy no necesariamente implica rechazarla para siempre.
También explica por qué convertir cada comida en una batalla puede resultar contraproducente.
En lugar de exigir que un niño termine su plato, podemos ayudarlo a explorar los alimentos mediante sus colores, formas, aromas y sabores, respetando sus señales de hambre y saciedad.
La curiosidad puede ser una mejor invitación que la obligación.
Tres hábitos de alimentación saludable que podemos enseñar jugando
En México, el desafío es especialmente importante.
De acuerdo con un análisis de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT Continua 2020-2024), el 36.6% de los niños de entre 5 y 11 años presenta sobrepeso u obesidad.
La cifra evidencia la necesidad de construir entornos que favorezcan una alimentación equilibrada desde edades tempranas, sin convertir el peso corporal en motivo de culpa o estigmatización.
Y aunque una alimentación saludable depende de muchos factores, existen tres hábitos sencillos que las familias pueden comenzar a reforzar.
1. Descubrir los colores de las frutas y verduras
Una alimentación variada incluye frutas y verduras de diferentes colores, sabores y texturas.
En lugar de presentar estos alimentos como una obligación, podemos convertirlos en una experiencia de descubrimiento.
Por ejemplo, pedir a los niños que identifiquen cuántos colores aparecen en su plato, permitirles elegir una fruta nueva durante las compras o invitarlos a participar en la preparación de una ensalada.
La idea no es obligarlos a probarlo todo inmediatamente, sino despertar su curiosidad y familiaridad con los alimentos.
2. Hacer del agua natural una elección cotidiana
Los refrescos, jugos industrializados y otras bebidas azucaradas pueden aportar cantidades importantes de azúcares libres a la alimentación infantil.
Por eso, organismos como la Organización Mundial de la Salud recomiendan limitar su consumo y favorecer opciones como el agua natural.
Una estrategia sencilla consiste en hacer que el agua esté disponible durante el día y acompañar el hábito con pequeñas rutinas que los niños puedan reconocer y repetir.
Incluso una canción sobre tomar agua puede funcionar como recordatorio divertido.
3. Aprender a construir un plato variado
El Plato del Bien Comer es una herramienta de orientación alimentaria utilizada en México para representar diferentes grupos de alimentos y fomentar una alimentación variada.
Podemos acercar este concepto a los niños mediante juegos en los que identifiquen ingredientes, armen combinaciones de alimentos o participen en la elección de lo que comerá la familia.
La meta no es clasificar los alimentos como buenos o malos, sino comprender que la variedad, el equilibrio y la moderación forman parte de una relación saludable con la comida.
Luli y Gabo: aprender a comer saludable a través de canciones
La posibilidad de enseñar hábitos mediante la música también está inspirando nuevas iniciativas educativas en México.
En el marco de su décimo aniversario, Luli y Gabo, el programa educativo infantil de GNP Seguros, incorporó un nuevo eje dedicado a la alimentación saludable.
La iniciativa busca acercar a niñas y niños conceptos básicos de nutrición mediante canciones que abordan el consumo de frutas y verduras, la importancia de beber agua natural y los principios del Plato del Bien Comer.
Entre los títulos anunciados se encuentran Agüita sola, El plato del bien comer, Me gusta el betabel, Sonidos de la comida y Dale una oportunidad.
La propuesta parte de una idea sencilla: aprovechar un lenguaje familiar y entretenido para que los pequeños puedan reconocer y recordar mensajes relacionados con el cuidado de su salud.
El lanzamiento se realizó en Papalote Museo del Niño, durante una celebración que reunió a más de 1,300 asistentes, entre familias, docentes y representantes de organizaciones sociales.
Con esta nueva etapa, GNP Seguros amplía el alcance de un programa que durante diez años ha promovido la prevención de accidentes y el autocuidado infantil, incorporando ahora herramientas educativas sobre alimentación.
Las canciones pueden encontrarse a través de los canales oficiales de Luli y Gabo.
Cinco maneras de enseñar hábitos saludables sin convertir la comida en una batalla
Más allá de cualquier iniciativa educativa, existen pequeñas acciones que podemos incorporar a la vida cotidiana.
- Permite que participen. Elegir frutas, lavar verduras o ayudar a preparar alimentos puede despertar interés por aquello que después encontrarán en su plato.
- Utiliza canciones y juegos. Una melodía sobre las frutas o el agua puede ayudar a recordar conceptos y hacer más entretenidas las actividades relacionadas con la alimentación.
- Ofrece los alimentos más de una vez. Es normal que algunos niños necesiten familiarizarse repetidamente con un sabor o una textura antes de aceptarlos.
- Evita las recompensas y los castigos relacionados con la comida. Comer no debería convertirse en una prueba de obediencia. Es preferible construir experiencias tranquilas y respetuosas.
- Enseña con el ejemplo. Los niños observan cómo comen los adultos. Compartir alimentos variados y disfrutar las comidas en familia puede influir en sus propios hábitos.
Ninguna de estas estrategias funciona de manera idéntica para todos los niños. Cuando existen dificultades persistentes para alimentarse, una valoración pediátrica puede ayudar a identificar necesidades particulares.
Una canción no cambia la alimentación, pero puede cambiar la conversación
Enseñar a los niños a comer saludable no debería consistir únicamente en explicarles qué alimentos necesitan.
También implica ayudarlos a desarrollar curiosidad, autonomía y una relación positiva con la comida.
La música no sustituye una alimentación equilibrada, el acompañamiento familiar ni las condiciones necesarias para acceder a alimentos nutritivos. Pero puede ser una aliada para transmitir mensajes de manera cercana y memorable.
Quizá la próxima vez que aparezca una verdura desconocida en el plato no sea necesario comenzar con un discurso sobre sus beneficios.
Tal vez baste con una pregunta, un juego o una canción.
Porque los hábitos que nos acompañan toda la vida también pueden comenzar con algo tan sencillo como una melodía.
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