Hay relojes que marcan el tiempo. Y hay otros que lo cuestionan.
En una atmósfera íntima y cuidadosamente curada, Statement fue invitado a una masterclass exclusiva con Antoine Rossé, maestro relojero de Maurice Lacroix, para descubrir de primera mano la historia, la técnica y la filosofía detrás de una de sus creaciones más intrigantes: el Mysterious Seconds.
Más que una pieza de alta relojería, el Mysterious Seconds es una declaración. A primera vista, su segundero parece desafiar las leyes de la física, flotando sobre la carátula sin conexión aparente. No hay puentes visibles, no hay lógica evidente—solo un movimiento hipnótico que invita a detenerse, observar y cuestionar lo que creemos entender del tiempo.
Durante la sesión, Rossé no solo desmenuzó la complejidad mecánica detrás de este efecto, sino que también compartió algo más valioso: la intención. En un mundo donde la precisión se da por sentada, el verdadero lujo radica en la emoción que un objeto es capaz de provocar. Y ahí es donde Maurice Lacroix juega distinto.
El desarrollo del Mysterious Seconds implicó repensar la arquitectura tradicional del reloj. Discos transparentes, tolerancias milimétricas y una obsesión por la ilusión óptica convergen en una pieza que no busca ser evidente, sino evocadora. Es, en esencia, un ejercicio de poesía mecánica
Pero lo que realmente marcó la experiencia fue entender que detrás de cada innovación hay una narrativa. Para Rossé, la relojería no es solo ingeniería: es storytelling en movimiento. Cada componente tiene una razón de ser, cada decisión responde a una emoción que se quiere provocar en quien lo lleva.
En tiempos donde todo ocurre a velocidad instantánea, propuestas como el Mysterious Seconds nos recuerdan que el tiempo también puede ser contemplativo. Que aún hay espacio para el asombro.
Y que, a veces, lo verdaderamente extraordinario no es medir el tiempo… sino hacerlo desaparecer.
Sigue nuestras redes en Statement.
images
Statement-Alan González S. ©


