Elena Villarreal, una mexicana ultra femenina y ejemplar

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La seguridad, inteligencia, belleza y carisma de Elena Villarreal la posicionan como una de las mujeres más ejemplares y poderosas en el mundo de los negocios en México. Conoce la historia de esta mujer, mexicana, valiente y triunfadora.

Elena Villarreal, una mexicana ejemplar

La verdad, yo nunca lo he visto así. Yo siempre he pensado cómo qué padre lo que hago, qué bonito, me encanta. Qué buen equipo. Convivo con mi equipo, a todos los conozco y acabo de estar en Los Cabos, porque fui a ver a mis clientes allá y tuve momentos de dicha como que se me acercaran a decirme, !Ay, señora Elena, hoy cumplo veinticinco años en la empresa! y los comentarios más lindos.

El comienzo de una gran historia

Yo nací en San Luís Potosí, pero luego mi papá estaba haciendo doctorados en Estados Unidos y entonces nos fuimos a vivir a Chicago – por que él se quería dedicar no tanto a la cirugía sino a la parte administrativa de la salud – y él estuvo en Northwestern. De ahí nos fuimos a vivir a Salt Lake City y de ahí a Boston, él estuvo en Harvard. Y luego nos fuimos a Maryland, él estuvo en John Hopkins y finalmente lo contrató la Organización Mundial de la Salud y por eso fue que nos quedamos a vivir allá.

Conocí a Pepe  en Washington. Él estaba trabajando en el Banco Interamericano de Desarrollo. Él me dijo, vamos a regresarnos a México. Yo lo que quiero es hacer un negocio. Al final de cuentas, necesitas a alguien contable, por que yo en ese momento le dije, Sabes qué yo te ayudo, porque mira yo soy fregonsisima pa’ los negocios. Yo ya tengo dos años de trabajo. Lo qué es ser joven, te tragas el mar de un buche.

Bien simpático, por qué le dije, Yo te ayudo mi vida, te juro que yo te ayudo. Ya nada más vamos a abrir el negocio y yo vendo y yo compro y yo hago todo. Él dijo bueno y total, nos vamos a Chetumal. No había ni avión directo. Llegamos a Mérida y de Mérida tomamos un camión para llegar a Chetumal. Cuando entramos decía, Población 50,000 personas. Y yo, ¿Cómo qué 50,000? ¿Dónde está la ciudad? Es esta ¿Qué?…

Entonces, bueno ya sabes cuando llegas con la ilusión, recién casada y todo lo ves color de rosa, excepto cuando te empiezan a picar los moscos y no hay nada para hacer. Y bueno, en esa época no había internet. No había ni fax. Con eso te digo todo. No había teléfono. Había que llamar a una operadora para que te enlazara a Washington. Entonces dije, ¿A dónde vine a caer? Y bueno, siempre he sido de enfocarme en lo positivo y empecé a enfocarme en ver toda la belleza. Apreciar la bahía, la selva, la laguna de Bacalar. Nos íbamos en el jetski, en las noches de luna llena. Un día me quedé con el volante en la mano y Pepe, Pérate pero no te muevas. Y yo, ¿Cómo quieres que me mueva? sino me puedo mover. Esto no tiene volante ni dónde ponerlo o encajarlo.

Pagué el precio del aprendizaje de vivir en el trópico. En 1972, no era ni estado Quintana Roo. Chetumal era territorio.

Primero empezamos teniendo un supermercado, luego tuvimos un negocio de carga aérea. Los pilotos hablaban inglés y yo hablaba inglés perfecto y entonces a los pilotos los llevaba a desayunar, cargamos el avión. Yo tenía que ver que estuviera correctamente cargado, y bueno aquí y allá. Y ya después dije, Sabes qué esto del supermercado lo detesto. Y él me dijo: Bueno, ¿qué te gusta? Y había una perfumería ya y yo los veía pasar con las bolsas y bolsas y bolsas. Te juro que yo en ese entonces no tenía ni para pagar un perfume de sesenta pesos. Y le dije, yo quisiera una perfumería. ¿Qué sabes tú de los perfumes? Ay, pues todo. Ya sabes… ¿Cómo me atreví a decir todo? Es decir, lo que leía en las revistas, había trabajado en una tienda departamental. Había pasado por el departamento de perfumería y no sé, me atrevo a decirle todo.

Yo era una chavita de veintidós años, nadie, pero nadie me vendió. Me dijeron, no voy a enfadar a mi cliente por esta chavita que no sabe de nada. Pero cómo no voy a saber de nada, mira, yo te lo juro que sí sé. Me iba a sentar en el aeropuerto a esperar que salieran los proveedores del avión para regresar a sus casas porque no había forma de que me fueran a ver. No y no y no, porque los acaparaba Efraín y nomás no los dejaba. No los soltaba y entonces, ahí me iba y total pasó un año, pasaron dos años y como teníamos al mismo tiempo el avión de carga que venía de Panamá a depositar tres mil libras de carga. Total, le dije a Pepe, vámonos a Panamá a ver si ahí alguien que me quiera vender. Yo no sabía que era prohibido que vendieran en otros mercados. Obviamente me descargaron puras porquerías de todos los perfumes que no se vendían, pero yo dije bueno, cuando menos voy a tener algo que vender.

Y así fue. Llegué y toda emocionada con mis perfumes y llegaban señoras y me decían, Está muy bonita su perfumería, lástima que no tenga nada.

Ultrafemme, el poder de una visión

Le digo a Pepe, vamos a abrir una perfumería. Ok. Llega un día, así en la terraza, con mi niño. Oye, necesito el nombre de la tienda ahorita, porque la tengo que registrar. ¿Cómo que ahorita? Déjame pensarlo. No, no, no, ahorita. Le dije, bueno pues se llama Ultrafemme. Era como pensar que todas las mujeres se sientan ultra femeninas una vez que entraran a mi tienda iban a ser bonitas, ultra femeninas, autosuficientes…Iba a tener puras mujeres trabajando. Obviamente dije voy a contratar pura chica linda, las voy a ayudar, les voy a dar una carrera. Mucho antes del tiempo del “empoderamiento”, yo ya estaba empoderando a mis chicas.

Era la única tienda con aire acondicionado, música…Luego empecé a vender ropa interior, luego llegaron los relojes y luego ya como nadie me quería vender cosméticos, ni nada, me dijeron mira si te vas a Cancún – porque Cancún estaba creciendo- y era el 75.

Yo abrí mi primera tienda en Cancún en 1979. Exacto en el local que yo quería, enfrente del Palacio Municipal.

Ultrafemme al día de hoy

Teníamos 100 tiendas antes de la pandemia. No sé exactamente cuántas cerramos ahí con el COVID. Quedan aproximadamente noventa. No son todas perfumería, existen diferentes marcas. Tenemos tiendas en México, en Monterrey, en Guadalajara, tenemos en Cabo. Tenemos varias por toda la República. Somos más de 700 colaboradores y lamentablemente tuvimos que dejar ir a 300 con la pandemia.

¿Cómo lograste tu sueño?

Es algo que he hecho día a día. SI bien pensé algún día voy a tener mi centro comercial, juntar mis marcas, pues no puedo estar regada por todos lados. En un viaje a Canadá vi una tienda preciosa que era toda modular, así con las boutiques alrededor y después, perfumes y joyas y ahí dije, si algún día esto es lo que quiero.

¿Cómo te gustaría ser recordada?

Por haber hecho algo bueno, fino y con honestidad. No lo hice con dinero robado, no lo hice con dinero heredado, ni de mala procedencia.

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