Tiempo de lectura 3.5 min.
Bajo la luna de La México, 60 modelos y 135 looks llevaron la temporada Otoño-Invierno 2026 de El Palacio de Hierro al ruedo, en una noche que convirtió el encuentro entre México y Francia en moda, música y celebración. Statement estuvo ahí.
La noche del 23 de septiembre, La México cambió de lenguaje. El ruedo dejó por unas horas su vocación habitual para convertirse en una enorme pasarela donde París y Ciudad de México se encontraron bajo la misma luna.
El dress code lo había anticipado: Fashion Icon. No era una invitación a pasar inadvertido. Desde la llegada, cada asistente interpretó el concepto desde su propio guardarropa, convirtiendo las gradas, los accesos y el front row en una segunda pasarela.
Antes de que apareciera el primer look, la moda ya había comenzado.
El Gran Desfile de Otoño 2026 de El Palacio de Hierro no buscaba solamente mostrar las tendencias de la nueva temporada. El espacio, la música, la gastronomía y los propios invitados formaban parte de una puesta en escena concebida para extender la experiencia mucho más allá de la pasarela.
Statement preguntó a Werner Hirschi cuál era, precisamente, el statement de una noche como ésta.
“Es un gran desfile; a fin de cuentas es un statement de moda. Lo que queremos mostrar hoy es la capacidad que tenemos de curar una buena selección de moda y presentarla de una manera espectacular y en un lugar que justamente es monumental”, explicó.
La respuesta resumía buena parte de lo que sucedería durante la noche. La selección importaba, pero también la manera de presentarla. Y para ello, pocos escenarios podían competir con la escala de La México.
México y Francia bajo una misma luna
El Gran Desfile de Otoño llegó en el año en que México y Francia conmemoran 200 años de relaciones diplomáticas, una celebración que El Palacio de Hierro ha desarrollado durante la temporada a través de L’Art de Vivre Totalmente Palacio.
Para Palacio, la relación tiene además una dimensión propia: su historia está vinculada desde sus orígenes con los empresarios franceses Joseph Tron y Joseph Léautaud.
Esta vez, el encuentro encontró en la moda un lenguaje compartido.
La narrativa comenzó con la luz de una mañana en París y terminó con la energía de una noche mexicana. Entre ambos momentos aparecieron códigos visuales asociados a las dos culturas: una boina, una falda de tul, un sombrero vaquero y, finalmente, un ramo de cempasúchil.
Más que sumar referencias reconocibles, la pasarela buscó transformarlas. París no funcionó únicamente como destino aspiracional ni México como nota folclórica: ambos universos se encontraron y mezclaron sus códigos a lo largo del recorrido.
60 modelos, 135 looks y cuatro actos para entender el otoño
Sesenta modelos y 135 looks construyeron la pasarela a través de cuatro momentos: Remix de clásicos, Legado natural, La noche y La celebración.
Remix de clásicos
El primer acto exploró la transición entre verano y otoño mediante prendas conocidas que regresan con otra actitud. Colores puros, juegos de estampados, rayas, referencias deportivas y elementos del streetwear actualizaron las siluetas clásicas.
Fue una apertura ligera, urbana y deliberadamente ecléctica: el guardarropa cotidiano entendido como espacio de experimentación.
Legado natural
Después llegó un otoño más introspectivo. Tonos tierra, texturas envolventes, tejidos de mayor peso y cuadros en distintas versiones construyeron una elegancia cálida atravesada por la naturaleza y la nostalgia.
La palabra legado resultó fundamental: no como repetición del pasado, sino como aquello que puede heredarse, reinterpretarse y volver a usarse desde una mirada contemporánea.
La noche
El tercer cuadro cambió la temperatura del desfile. Blanco y negro, sastrería, camisas, corbatas y corsets trazaron una propuesta sofisticada, urbana y sensual.
La estructura de las prendas se volvió parte del discurso: hombros, cinturas y líneas precisas hablaron de fuerza, mientras los contrastes introdujeron una teatralidad creada para después del anochecer.
De Alaïa y Balmain a Macario Jiménez y Raquel Orozco
El desfile reunió firmas mexicanas e internacionales bajo una misma dirección de estilo. Alaïa, Balmain, Chloé, Christian Louboutin, Courrèges, Etro, Isabel Marant, Longchamp, Missoni, Pucci, Stella McCartney y Victoria Beckham convivieron con nombres del diseño mexicano como Macario Jiménez y Raquel Orozco, además de propuestas de El Palacio de Hierro como DHIERRO.
También participaron Adolfo Domínguez, Aleví, AMI Paris, Chester & Peck, Epsilon, Hanson, La DoubleJ, Maje, Mirto, Sandro, Simorra, Swarovski, TTEN y Ulla Johnson, entre otras.
El resultado no fue una sucesión de colecciones independientes, sino un ejercicio de curaduría multibrand.
Bajo el estilismo de Gerardo Islas y la mirada de Tendencias Palacio, a cargo de Eli González y Valentina Cuéllar, las piezas construyeron una lectura transversal del otoño: qué conservar, qué transformar y qué atreverse a llevar cuando cae la noche.
La coordinación y coreografía de Michelle Trabolsi sostuvo el ritmo de los cuatro cuadros, mientras el trabajo de hair and makeup de Luis Gil completó la imagen.
Cuando la pasarela se convirtió en fiesta
Una luna impresionante acompañó el desfile desde lo alto.
Después, el cielo se encendió con fuegos artificiales y, en cuestión de minutos, el espacio que acababa de recibir a los modelos comenzó a transformarse.
La pasarela desapareció como frontera. Quienes momentos antes observaban desde sus lugares comenzaron a ocupar el centro del ruedo.
Desde la cabina, Ariana Arciniega condujo musicalmente la transición del desfile a la fiesta. Coctelería, vinos y canapés de Gastronomía Palacio extendieron la experiencia hacia la hospitalidad.
Y entonces se hizo evidente una de las ideas más interesantes de la noche: una pasarela contemporánea ya no necesariamente termina con el último look.
Puede extenderse hacia la música, la gastronomía, el espacio y, sobre todo, hacia la manera en que quienes la observan terminan formando parte de ella.
El fashion statement estaba en todas partes
Elegir La México no fue únicamente una decisión de escala.
El ruedo aportó monumentalidad, memoria y una poderosa noción de espectáculo. Allí donde tradicionalmente todas las miradas convergen en el centro, El Palacio de Hierro colocó a la moda como protagonista.
Pero el gesto más interesante fue permitir que el concepto escapara de la pasarela.
El dress code convirtió al público en parte de la composición visual. Los fuegos artificiales cambiaron el cielo. La música transformó la energía del recinto. Y la hospitalidad prolongó la experiencia después del desfile.
Antes de terminar la noche, Statement hizo la misma pregunta a Rafael Arroyo, director de Mercadotecnia de El Palacio de Hierro: ¿cuál era su statement del evento?
Su respuesta necesitó pocas palabras:
“El statement para este evento es que El Palacio de Hierro es el statement de moda en México.”
Quizá por eso el Gran Desfile de Otoño 2026 no se limitó a presentar 135 looks. Todo lo que ocurrió alrededor de ellos formó parte del mismo relato.
En La México, el otoño comenzó con una mañana en París, terminó entre cempasúchil, música y copas y, por una noche, convirtió el ruedo entero en un fashion statement.










Sigue nuestras redes en Statement.
images
Statement – Alan González S. ©





